domingo, 27 de enero de 2008

El Regreso

Buenos Aires 20 de Junio del 2007 Me juré y perjuré que no volvería a escribirte, desde aquel sábado en el cual desapareciste de nuestra historia. Y bien digo nuestra, porque supongo recordarás que estaba esperando un hijo tuyo en aquel momento. Fue un varón, pesó 4 kilos. ¡Era un verdadero sol! Lamentablemente murió, y hace apenas dos días. No desesperes, no estas obligado a seguir leyéndome ya que no te será fácil lo que se viene. Vale si aclararte que no se trata del ajuste de cuentas de aquella jovencita despechada, que hoy después de veinte años, quiere cobrarse revancha. Nada de eso. Simplemente vas a encontrar el relato de una madre dolorida, que abandonó su orgullo de mujer, y se decidió a pedirte ayuda. ¿Y te preguntarás por qué? ¿Por qué justamente ahora, cuando ya nada nos une? Ojalá no hayas olvidado mi teoría de los talentos personales. ¿Recuerdas por qué nos complementábamos? Mi talento consistía en captar las sensaciones más puras y en su estado más caótico… El tuyo en ponerlas en palabras….. Yo no lograba darme a entender sin tu ayuda y tu no decías nada que te pusiera en juego sin mi compañía. Bien, necesito entonces una vez más la ayuda de tu talento para poder contarle al mundo lo que sufrió nuestro hijo. Necesito expresar la desesperación que marcaron sus últimos días y los míos, para liberarme de un dolor que hoy me asfixia. “Debo hacer por su recuerdo lo que no pude hacer por su vida…..” A esta altura ya tendrás una idea del caos emocional que me invade, y que sólo tu podrás decodificar y traducir ….. No es mi intención forzarte ni obligarte a nada. Y eres conciente que nunca lo he hecho. Desde nuestra separación, no he sabido absolutamente nada de ti, ni tampoco intenté averiguarlo. Siempre respeté tu decisión de alejarte y sigo haciéndolo. Pero este pedido se trata de otra cosa, que excede nuestra historia personal. No debe haber otro hombre sobre la tierra que conozca tan bien mi orgullo, mi necedad y omnipotencia, que te aclaro siguen hoy intactos. Pero este pedido los puso a un lado, para pedirte ayuda. Te repito una vez más, no quiero forzarte pero si llegaste hasta el final de esta nota y algún párrafo te conmovió o sentiste bronca, nostalgia, alegría, culpa, resentimiento, despecho, o lo que diablos fuese, sólo si algo de esto te pasó, espero tu respuesta. De no ser así, olvida mis palabras con total tranquilidad y confianza. Te aseguro, nunca más tendrás noticias mías. Un fuerte abrazo L.

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